jueves, 16 de noviembre de 2017

Reseña del libro: "Látigo de cien colas"



El nombre de Fernando Krahn podría conocerse más en el ámbito de las artes y el diseño, y estar en la memoria colectiva de todos nosotros. Lamentablemente no es así, y uno de los tantos méritos de esta publicación es que le coloca en el presente, porque su obra es tan contemporánea como si estuviera ilustrando en la actualidad. Todo un artista chileno, pero que ejerció fuera de estos límites, trabajando para Estados Unidos y Europa en las décadas del setenta y ochenta, viviendo muchos años en Barcelona donde se editó por primera vez Látigo de cien colas en 1988.
Krahn tiene una importante labor como ilustrador en prensa tanto en el humor con un acercamiento a lo poético, como en la ilustración infantil junto a su esposa, la escritora María de la Luz Uribe. También fue diseñador de escenografía teatral y realizó animaciones, con una muy extensa e interesante obra que es necesaria revisitar. Grafito Ediciones toma esta labor y reedita esta publicación, con la diferencia que restó los textos que originalmente fueron escritos por Joan Brossa, y solo mantuvo las potentes imágenes de Krahn que hablan por si mismas.
Es desafiante publicar un libro sin palabras que oficialmente las tenía, pero este libro logra sortear esa prueba. Se requiere una gran capacidad de narrativa visual para comunicar efectivamente y en las imágenes de Krahn se puede observar con deleite cada detalle, cada intención, cada personaje, cada ambiente, y pareciera que los protagonistas de las escenas estuvieran en un dialogo constante, presente, terrible, y angustiante. No estamos presentes ante una película de terror, sino ante una simbolizada realidad que es más monstruosa que la ficción. Y Krahn lo presenta sin tapujos, sin color, sin esperanzas, ni empatías, un mundo de poder, lujo, política y estructuras sociales .
En Látigo de cien colas, tenemos una galería de bestias humanas en todos en sus ambientes, sus casonas, sus calles apocalípticas, sus fiestas, sus sinsentido, sus vanidosas estampas, sus monstruosas esencias. Krahn nos trae a la memoria a los personajes de Goya y El Bosco, en su oscuridad, en su vacío, en su perversidad. Deteniéndose en cada una de las imágenes, no son los rostros de cada individuo la monstruosidad imperante en las escenas, sino que son los gestos de vanidad, de desprecio, las posturas de ostentación de poder. Me imagino que habría sentido Krahn al dibujarlos, si una desagradable misión o una forma de expresar su desazón ante los acontecimientos que ocurren aún, en el mundo gobernados por estos especímenes.

Interior del libro Látigo de cien colas, Grafito Ediciones 2017.
Con esta galería monstruosa nos ocurren dos cosas, o rechazamos las imágenes por los desagradable rostros, o dejamos la primera impresión y nos sumergimos en una deliciosa muestra de virtuosismo que nos plantea una ácida crítica social. Pareciera que de cierta forma conocemos a cada uno de estos monstruos, los vemos en el diario, en revistas de papel couché, en la televisión, en las noticias, y nos cabe preguntarnos y darnos cuenta que lo terrible habita con nosotros, y que no estamos haciendo nada para que dejen de aparecer, multiplicarse, escondidos en sus casonas, fuera de los límites de nuestros barrios, embriagándose en sus fiestas, embriagándose en el poder de sus burocracias, en su redes de manejar la nueva esclavitud.
El libro cuenta con dos prólogos, uno escrito por el poeta Armando Uribe que nos da cuenta de la publicación como una profecía y una representación de los pecados capitales, y el escrito por Claudio Aguilera, investigador especializado en historia de la ilustración e historieta chilena, que nos contextualiza el tiempo del nacimiento de los dibujos hasta su publicación como libro y las diferentes aristas y anécdotas que implicó una creación de esa naturaleza, tal como la exhibición de estas ilustraciones en un revista de los ochenta, pero con la censura a las que aludían a la vestimenta militar, porque “podrían interpretarse mal” en plena dictadura. También nos cita palabras del propio autor y de diversos intelectuales para acercarnos al mundo de Krahn y su conceptualización y sentido de la obra expuesta.
Los dibujos están realizados en grafito sobre papel blanco, cada página está intercalada con una hoja contrastando con el color negro, simula como una galería de arte ante la cual observamos  retratos y simulan fotografías de un cotidiano, una galería oscura un álbum familiar del terror.  El gramaje de las hojas, el papel sin estucado y la encuadernación de tapa dura, también nos refuerza la densidad del tema.
Se agradece esta reedición, tanto porque el nombre de Krahn se merece ser reconocido en el ambiente de la ilustración y el editorial. Su legado es importantísimo, sobre todo con el peso intelectual que rondaba su obra, no solo es un virtuoso, sino que nos hace reflexionar, preguntarnos y remecer sobre todo las tibias aguas de la ilustración chilena, necesitamos más  de estos artistas ilustradores y estas publicaciones, no nos quedemos en solo la estética de lo bello y lo posible, la imposibilidad de estas imágenes es mas real de lo que vemos en cualquier vitrina de los medios.

Título: Látigo de cien colas
Autores (texto e ilustración): Fernando Krahn
Formato: Cartoné, 80 pp, 18 x 24 cm.
Grafito Ediciones, 2017
___________________________________________________________
July Macuada, diseñadora de formación, artista de vocación. Ha tenido una destacada participación en la ilustración de libros y la realización de talleres. Algunos de los libros ilustrados son: "El espejo mágico", "La pasa encantada", "Los espejitos del Japón" y "Duerme niño duerme", este último recibiendo diversos reconocimientos y premios. Conoce más de su trabajo en https://www.julymacuada.cl/

No hay comentarios:

Publicar un comentario