lunes, 19 de junio de 2017

Bibliotecas de historietistas

Siguiendo la conversación que comenzamos planteando en el post La urgencia de una biblioteca en casa, invitamos a dos historietistas chilenos a que nos contaran sobre sus bibliotecas personales, cómo se componen y el uso que se les otorga.

Claudio Rocco: "Mi biblioteca es un caos"
Parte de la biblioteca personal de Claudio Rocco
Aunque hubo un tiempo que no era así, mis libros estaban ordenados alfabéticamente, del más grande al más chico, y como el 90% de mi biblioteca es de cómic y los tamaños de las publicaciones varían demasiado, me fijaba que cada zona de la estantería tuviera una temática: cómic latinoamericano, europeo, chileno, etc. El polvo siempre es un tema en los libros, pasar el plumero hasta un pañito húmedo en las cubiertas que aguantan el agua.
  Pero comprendí que donde se encuentran mis libros, no es un lugar donde lleve a la gente para que los aprecie y estos me hagan ver como una persona "culta". Mis libros son aventuras, recetas, conclusiones, es el trabajo de años de muchos autores, que al igual que yo (imagino), es una ácida victoria que tus libros estén en la estantería de una casa. ¿Por qué ácida? Porque es lindo verlos ser parte de una colección, es lindo sentir que son apreciados, pero es más lindo verlos en las manos de la gente, verlos provocando sensaciones, sentimientos.
Parte de la biblioteca personal de Claudio Rocco
  Mi biblioteca tomó otro sentido en ese momento, y desde entonces ya no me preocupa que Jesús Cossio y Gustavo Sala estén en el mismo sector, o que el polvo ataque a esos libros quietos, porque ya no lo están. Hoy en día los uso y re uso, me nutro de ellos, los busco, les pregunto, acepto sus sugerencias, casi como conversando con ellos. Y los que estoy consultando se quedan cerca mio, entran en mi mochila y me acompañan en ese caro y fastidioso metro, otros se quedan en el baño, y no vuelven a su lugar original, vuelven al “sector de los libros”, otros los cubren, se forman columnas nuevas y algunas caen, otros se apoyan en otros, y ese remolino conlleva uno de mis momentos favoritos en la vida: re descubrir un libro con un  “¡Ooooh! No me acordaba que tenía este libro”.
  Un día veía una entrevista a Fito Páez, donde le preguntaban sobre su colección de guitarras, el respondía que no tenía una colección, las colecciones son para mirarlas, el tiene un montón de guitarras que usa, que toca, con las que compone, golpea, hasta las muerde si el proceso creativo lo pide.
  Y eso es lo que debe pasar en una biblioteca, deben volar los libros, debemos tomarlos como una luz, como comida, como algo que nos da la vida suficiente para aguantar estos tiempos que los humanos solo piensan en llenarse de cosas enchufables o conectables a internet, llenas de pantallas. Los libros no son encerrarse, son abrirse, son paz, son pan.
  Siento pena por la gente que no lee, siento pena por los libros perdidos en una estantería, pero no siento pena por un libro roto, al contrario, me da gusto, es como ver la sonrisa amplia sin dientes de una abuelita, bien arrugada, bien vivida.
  Yo no tengo una colección de libros, tengo mil portales a mil mundos fantásticos, tengo la receta del kuchen de manzana que me gusta, tengo el consuelo en versos, tengo la risa en plops, tengo tu olor, te tengo a ti.

Gonzalo Martínez: "No soy un coleccionista"

Parte de la biblioteca personal de Gonzalo Martínez y familia
  Qué difícil es hablar de la biblioteca personal. Sobre todo como en mi caso en que no compro libros con un sentido de colección, no soy un coleccionista, sino más bien un acumulador de libros, la mayoría para leerlos y algunos sólo para tenerlos porque significaron algo en mi infancia. 
  Cuando niño tuve libros que me regalaban mi madre y mis tíos pero esos libros se fueron perdiendo en los cambios de casa. También tenía la oportunidad de leer libros que se encontraban en casas de familiares.
  Debo aclarar que éramos una familia de recursos escasos, así que la compra de libros era un lujo, a pesar de ello se hacía un esfuerzo. Aún recuerdo tantos de esos libros en los mesones de la Feria Chilena del Libro de Huérfanos con Bandera que nunca pude tener.
  Mi biblioteca actual se empezó a formar en mi época universitaria. Desviando algunos fondos de trabajos que hacía aquí y allá, me iba a San Diego a comprar libros usados. Mis primeras compras eran ciencia-ficción clásica: Borges, Chesterton y Scott-Fitzgerald. Junto con eso trataba de comprar cómics, mayormente españoles y argentinos que eran posibles encontrar escarbando en las estanterías. Me enorgullece decir que buena parte de mi biblioteca está compuesta por material de segunda mano. La idea no es llorar tragedias, pero quiero recalcar que mi infancia, adolescencia y primera juventud fueron muy complicadas en términos económicos. Y si a esto le sumamos problemas familiares y una dictadura horrible; la literatura y los libros eran una ventana por donde entraba el aire fresco y la esperanza.

Parte de la biblioteca personal de Gonzalo Martínez y familia
  Me preguntan de que está compuesta ahora mi biblioteca. No puedo hacer un detalle exhaustivo, pero voy a tratar de indicar tendencias. Tengo un estante dedicado a la ciencia-ficción, la novela negra y las novelas de espías. Tengo mucha literatura chilena: Pedro Prado, Oscar Castro, González Vera, Coloane, Jaime Hagel, Luis Rivano, Oreste Plath, Ramón Díaz Eterovic (clásico viviente), además de muchos autores jóvenes, contemporáneos y amigos.
  Hay mucho de aventura clásica: Julio Verne (mucho Julio Verne), Stevenson, Karl May, mucha novela de navegación: Hornblower de Forester y Bolitho de Kent. Hay mucho libro de arte, artesanía, arquitectura y diseño, que son las tendencias principales en nuestro hogar. En mi biblioteca hay mucho libro recuperado de mi infancia, entre los que tuve y perdí, y los que quise tener y no pude.
  E Historieta, mucha historieta. Hay un estante completo dedicado a la historieta chilena. Tintín, Hugo Pratt, Carlos Giménez, Mampato y Jiro Taniguchi ocupan espacios importantes. Tengo mucha historieta argentina, española,  franco-belga y un poco de italiana, que es por donde se decantan mis gustos personales. La sección estadounidense está repartida entre material clásico, independiente y una selección del género de superhéroes.
  Finalmente, he acumulado un volúmen considerable de libros teóricos en torno a la historieta, partiendo por La Técnica de la Historieta (piedra fundacional de mi biblioteca) pasando por McCloud, Eisner, Coma, Saturain y otros, y terminando en una buena colección de monográficos dedicados a autores.


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Agradecemos a Claudio y Gonzalo, por permitirnos esta muestra y reflexión en torno a sus bibliotecas personales. Sin lugar a dudas, son parte fundamental de la vida de estos dos destacados historietistas.
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Claudio Rocco Placencia (Valparaíso, 1979), ha tenido una destacada participación en el mundo de la animación e historieta nacional. Sus publicaciones más destacadas han sido TrolleyLa vida en cómic Escalas, esta última recibiendo una mención honrosa a mejor novela gráfica en la Medalla Colibrí 2016. Recién publicado su último libro 4 Esquinas, comenzó una nueva aventura junto a los más pequeños: El Robot Eusebio. Síguelo en su twitter @Roccotroko
Gonzalo Martínez, arquitecto de la Universidad de Chile con un oscuro y mediocre pasado como trompetista de jazz. Desde el año 2004 se ha dedicado exclusivamente a la creación de historietas, las cuales han sido su pasión durante toda su vida. Sus libros han sido publicados en Chile, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, México, Centro América, el Caribe y próximamente en España. Entre sus títulos más destacados, están Road Story, basado en el cuento homónimo de Alberto Fuguet, las novelas gráficas de Quique Hache Detective junto a Sergio Gómez y Mocha Dick, la leyenda de la ballena blanca, realizado en conjunto con el escritor Francisco Ortega, obra ganadora del Premio Marta Brunet 2013.

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