viernes, 7 de abril de 2017

Primer año de revista Marcapáginas: una oportunidad para reflexionar sobre el contenido infantil


Y si, en abril del año pasado comencé junto a un grupo de jóvenes MUY creativos, una de las más grandes aventuras que he tenido el placer de encabezar: la publicación de Revista Marcapáginas, una revista pensada para niños entre 4 a 10 años (incluso se sale de ese margen tan redondito), dónde la consigna principal es que las niñas y niños lean contenido realizado exclusivamente para ellas y ellos. Con entrega gratuita de 1.500 ejemplares y su versión digital liberada, busca que la lectura sea sinónimo de entretención y que se cole en sus actividades habituales. Sus lectorcitos ya la reconocen y se hicieron seguidores, lo que ha sido algo maravilloso. Si lo hemos hecho bien, mal o más o menos, es algo que debemos ir afinando con los años y número tras número en el que se trabaje. Solo en el 2016 se publicaron 9 números y lo que llevamos de este 2017 ya son 2 números publicados (esperamos llegar a un total de 6 de aquí a diciembre).
Pero más que la celebración misma de esta pequeña proesa, quise usar esta fecha para dar un espacio de reflexión sobre el contenido que las niñas y niños tienen al alcance de su mano. Es lamentablemente en ese punto donde las cuentas no son tan alegres. En el mundo multimedia la oferta puede ser un poco más sabrosa que en el mundo de los libros, y probablemente nuestra sensación del mundo infantil como adultos, es que ahora existen muchos más contenidos que antes. ¿Pero cantidad es equivalente a calidad? ¿La calidad percibida en el contenido por el mundo adulto es equivalente a ser contenidos atractivos para los niños? Es allí dónde quiero abrir el debate, y al menos bajo mi percepción, encontré algunas inquietudes que me encantaría resolver, sobre todo en el mundo infantil de la lectura, donde revistas, libros y sitios web tienen cabida:

A la fecha revista Marcapáginas ya cuenta con 11 números publicados.
-La oferta infantil de revistas es casi nula.
Cuando realicé un pequeño "estudio de mercado", no pude encontrar más publicaciones periódicas infantiles que la revista Nintendo, Princesas (de Disney) y Condorito (publicación transversal, o sea no está hecha de forma exclusiva para los niños). El resto de la oferta y que solo pude encontrar en bibliotecas, fueron publicaciones extranjeras, que eran como cuentos pero en revistas, de una factura de dudosa calidad, anticuadas y pensadas por personas que no tenían una cercanía a los niños, al menos en el terreno de lo que es entretenido o no.
La escasez de oferta de revistas infantiles ha convertido el terreno de la lectura en algo formal. Los libros son tomados como una instancia solemne. Recuerdo de niña tomar del kiosko alguna revista de historietas o miscelánea, recortar el suplemento del diario de turno (creado para los chicos) y rayarlo. Las revistas también forman parte de lo habitual o no habitual que se hace la lectura para las personas, sobre todo porque el formato permite esa informalidad en lo material y en su periodicidad.
-Los subproductos de las licencias comerciales.
De lo que si está poblado nuestra parte del mundo, es de los subproductos fruto del éxito de diversas marcas provenientes del cine, tv y videojuegos. El peluche, la polera, el llavero, el babero, el pañal, el juguete de turno, forman parte del merchandising propio de una licencia comercial exitosa proveniente de la industria del entretenimiento. Los libros, revistas y álbumes de láminas coleccionables, no son otra cosa que otro subproducto, donde en muchas ocasiones se descuida de la calidad del contenido. No es símbolo inmediato de baja calidad, pero es una calidad supeditada a los resultados comerciales. Es ahí dónde pongo en duda: ¿las niñas y niños se merecen leer contenidos hechos puramente con un fin comercial? Dejo abierto el debate.
Lo que como revista hemos intentado hacer, es crear desde cero, tomando elementos propios de nuestra cultura. Y al tomar elementos de nuestra cultura no quisimos poner al indígena súper héroe, si no que jugamos con nuestro imaginario y simbolismos sutilmente, haciendo algo local pero no panfletario. Los niños quieren ver y leer otras cosas, no solo lo que es popular o está de moda.
-La esnobización de la estética infantil.
Autores integrales (texto e ilustración) como Aliki, Kimiko, Satoshi Kitamura u Oliver Jeffers, son populares porque crean pensando como cuando eran pequeños. No basta simplemente con tener una estética hermosa, un texto bien escrito, es necesario sentir, pensar y soñar como ellos para llegar a ser atractivos. No es raro que tantos ilustradores de "libros infantiles" finalmente estén siendo seguidos por adultos, dónde la técnica tiene mayor predominio que la parte emocional que atraviesa el relato. Muchas veces he visto como las madres y padres cercanos al mundo del arte, impiden a sus retoños a tomar un libro solo por el hecho de que a ellos no les gusta estéticamente. Tampoco quiero plantear que hayan estéticas y estilos adecuados o inadecuados, ¿pero no será que estamos llevándonos por el preciosismo políticamente correcto y no por lo que nos atrae naturalmente? Las niñas y niños, y a pesar de su carga cultural y contexto de desarrollo, son sinceros y espontáneos, no están pensando en el estatus ni en el que dirán, les gusta o no les gusta, punto.
-Lo pensado/creado realmente para niños.
La doble lectura inteligente que puede ser interpretado de una forma por las niñas y niños, pero que finalmente busca la atracción adulta es lo que denomino "El efecto Shrek". No es minorizar la inteligencia crear contenidos que sea realmente para ellos, personitas que se están formando en un mundo ya dominado por adultos. Sus miedos, preocupaciones y deseos también deben ser considerados para la creación de este contenido. Dicen que una buena historia puede ser apreciada por cualquier persona, sin importar la edad, sexo u otras variables, pero lo que nos hace reír a los 40 años probablemente no es lo mismo que nos hizo reír a los 5 años.
¿Es una necesidad comercial o una idea genuina hacer contenidos con dobles lecturas? Me inclino más por lo primero, porque apuntan a quienes tienen el dinero y el poder de adquisición, y no a lo que realmente toca el corazón de los chiquitos. Que esto resulte ser atractivo porque se hizo moda o tiene una maquinaria comercial gigante atrás, no me es suficientemente convincente como argumento.

Aún quedaron muchos terrenos por explorar, pero como creadora y editora, me puse en el lugar de esa Panchita de hace 20 años atrás cuando inventé la revista Marcapáginas; la niña que leía revistas, que descubrió la historieta gracias a las publicaciones baratas que podía encontrar en los kioskos, que me hice partícipe del correo de las brujas, que interactué con editoriales enviando dibujos, la chiquita que esperaba esa fecha donde aparecía otra revista, para apropiarme de ella, la que hizo una revista para su curso del colegio con hojas de cuadernos y la pegaba en el diario mural (se llamaba Bufolandia), la que leía revistas hasta el cansancio y luego las atesoraba o las dejaba botadas, sin ninguna obligación, porque no era un contenido sagrado, simplemente había sido creado para pasar por mí y entretenerme un rato.
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Francisca Cárcamo Rojas (Santiago, 1987), es editora y librera de Pánico Ediciones, y creadora de la revista Marcapáginas. Se ha desempeñado como autora e ilustradora de historietas y libros infantiles, donde destacan "Chile en Viñetas", "Mandamientos de Mentira" y "Perros patipati perros", además de desarrollar su carrera en el área educativa. Twitter: @panchulei

1 comentario:

  1. Felicitaciones!! Ojalá algún día la revista llegue a Concepción.

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