jueves, 16 de marzo de 2017

La urgencia de una biblioteca en casa

Cuando era chica, uno de los misterios más grandes que tuve que afrontar fue: ¿por qué en algunas casas de mis amigas y amigos no hay libros? Chisteando se dice que el único libro de algunas casas es la guía telefónica. Por el contrario, las personas me bromean en la actualidad porque tengo muchos libros en el departamento, que ya no me va a quedar espacio y que es casi espacio malgastado.
Pero yendo a la misma edad donde surgió aquel misterio inicial, recuerdo cuan importante fue tener una biblioteca en casa. Tal vez mi caso puede ser un poco exagerado, ya que además de la biblioteca familiar, con mi hermana mayor teníamos nuestras propias bibliotecas en cada dormitorio, formada por nuestros propios intereses lectores, tesoros solo comparados con nuestras colecciones de casettes y discos de música. Con mi familia de origen, poco o nada nos preocupábamos por lo robos, ya que sentíamos que nuestros tesoros no tenían un valor comercial para un delincuente común (cuán equivocada estaba, ya que en la librería he tenido que vivir varios robos de libros). En fin, los libros siempre tuvieron un lugar privilegiado y de respeto para nosotras, existiendo espacio para lectura, y hasta el día de hoy, siendo motivos de regalos para las fechas importantes.

Estas son algunas fotos que logré encontrar de parte de mi biblioteca de
adolescente. Una de mis colecciones más preciadas es la de Julio Cortázar,
la cual al día de hoy tiene más de 50 títulos del y sobre el autor.
La situación, aunque a veces la sentí un poco atípica, sobre todo cuando chica, la agradecí de grande. Nunca nos fue tema leer o no leer, era algo que se hacía por gusto, a cualquier hora y si ya no había algo nuevo que leer en casa, los libros de la biblioteca del colegio fueron de gran goce, no solo en casa, si no que también en los recreos y después de clases. Ya de universitaria, el tiempo comenzó a escasear, pero siempre ahorraba para comprar algún libro, usado o nuevo, y los trayectos fueron mi mejor aliado en la lectura. De adulta, ya trabajando en oficina, era el bicho raro que siempre tenía un libro en el escritorio. Es que leer ha sido también fuente de escape en malos tiempos.

Foto gentileza de Carla Salazar e Iván Martínez, amigos de la revista Lector.
La biblioteca es el tesoro de su pequeña hija Kiara.
Pero ahora estoy en dos veredas: la lectora y la promotora (o al menos intento hacerlo). Y he intentado escaparme de mi propia experiencia para ver que está pasando con las niñas y niños que visitan nuestra librería, que diferencias tangibles podemos marcar con el fomento lector hecho en casa. Y si, se puede marcar la diferencia, y esto se relaciona directamente con el primer post que escribí para este sitio Leer como necesidad, ya que la posibilidad de contar con libros al alcance de la mano y a cualquier momento, es una excelente herramienta para fomentar la lectura de forma natural y espontánea. No es una solicitud, no es momento especial o lejano. Una biblioteca en casa hace cotidiano tomar, ver, hojear y leer un libro, sin pedir permiso, sin enaltecer el ejercicio de leer, y haciéndolo tan normal como tomar y guardar los juguetes, algo tan necesario como vestirse, comer, ir al baño, comunicarse con la familia y sus pares.
Foto gentileza de Romina Aranda. En ella se puede ver muy
felices a sus hijas Isabela y Aurora junto a su biblioteca.
¡Qué importante es entregar estos espacios en casa! Es una oportunidad de validación y de despertar la curiosidad a los pequeños lectores. ¿Cuántos lectores adultos contaron con su propia biblioteca de niños y adolescentes?, creo que en su mayoría fueron y siguen siendo coleccionistas, probablemente replicando alguna conducta adulta que generó admiración, o bien buscando su propia identidad con títulos más rebeldes, releyendo los libros heredados, completando lecturas con regalos y compras de tiempo libre.
Vuelvo a repetirlo, aunque nunca sea suficiente: ¿quiere que su hija/o sea lector?, entonces entréguele la posibilidad de leer. Por eso encuentro que es una urgencia que debe ser cubierta, la de tener una biblioteca familiar, en el dormitorio infantil y juvenil denle un espacio a los libros, nuevos, usados o heredados. Aproveche las bibliotecas (y sus préstamos domiciliarios) y librerías, las feria del libro, los espacios de lectura. Lea usted también, la lectura es un hábito, y como tal, requiere de un espacio en casa, se imita, se replica, tal vez no siempre, pero en su mayoría es así.
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Francisca Cárcamo Rojas (Santiago, 1987), es editora y librera de Pánico Ediciones, y creadora de la revista Marcapáginas. Se ha desempeñado como autora e ilustradora de historietas y libros infantiles, donde destacan "Chile en Viñetas", "Mandamientos de Mentira" y "Perros patipati perros", además de desarrollar su carrera en el área educativa. Twitter: @panchulei

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