viernes, 31 de marzo de 2017

La crítica en la LIJ


Cuando me comentaron si quería escribir en el blog sobre libros ilustrados, me atrajo inmediatamente la idea, porque soy una lectora amante de las letras y de las ilustraciones. Cuando seguido de ello, me dijeron que mi labor sería hacer crítica sobre esos libros, me pregunté si aquello de ser “crítico de LIJ” no es algo innecesario, ya que no hay muchos criterios al momento en que un niño o niña elige un libro. Porque esta elección no está basada en lo que diga un adulto, sino lo que le guste o no, así de simple. 
Ya en la calma, y después de recibir la propuesta, reflexioné que finalmente no son los pequeños los que deciden, sino sus padres, tíos, abuelos, profesores, es decir, cualquier adulto. El criterio para adquirir un libro, la mayoría de las veces, lo obtienen del mercado: ya sea porque es el libro de moda, o por el nivel de ventas, la cantidad de premios, si está en la lista escolar o porque la editorial tiene una buena estrategia de marketing. El lector final es un niño, pero quienes deciden esa lectura, son los adultos que ejercen de intermediarios, de mediadores, de promotores.
Es injusto, creo yo, pero es la realidad. La excepción donde los niños pueden sentirse amos de sus elecciones son las bibliotecas con los estantes abiertos, o las librerías donde los dejan sentarse a leer tranquilos. Porque la lectura de un libro ilustrado requiere tranquilidad, un tiempo para detenerse y observar, contemplar y repetir, sobre todo repetir. Los niños miran, leen, hojean el libro una y otra vez, como si quisieran que esa historia se conectase con su memoria, para así no olvidarla. Se hacen dueños de las palabras, las imágenes, las emociones que les aparecen y se relacionan con los protagonistas, los dibujan, se disfrazan, los aman y es así como inician una relación distinta con el libro.
Los adultos no leemos así. Al terminar la lectura y cualquiera sea el número de páginas, lo comentamos con algún cercano, y lo olvidamos en la biblioteca o en un cajón. Salvo algunas excepciones, donde algunos libros terminan subrayados con citas o notas por el propio dueño, o casi como un objeto de culto de ediciones de lujo o exclusivas. Conozco varios casos, pero se remiten en su mayoría a escritores o editores. En el caso de los pequeños, cuando un adulto guarda el libro lo vuelven a pedir, hasta el cansancio de los padres, hasta el cansancio del propio libro que termina con las puntas dobladas, rayado, deshojado, desarmado, incluso mordido. Terminar casi como un desecho, se podría interpretar como el éxito del amor de un niño por un libro. ¿Cual es el misterio que se esconde, tras lo que puede parecer un estado de enamoramiento hacia un objeto de papel? 

Una de las labores que he realizado es hacer libros, como diseñadora e ilustradora. Un libro para enamorar, requiere de un proceso largo en el que confluyen el trabajo de una cadena de profesionales que piensan en como lograr ese hechizo. Escritores, editores, ilustradores, diseñadores, confluyen en un proceso para que una historia sea publicada. El tiempo de producción siempre es extenso. Y cuando escucho la opinión de muchos adultos de que un libro con dibujos es simplemente bonito, educativo o útil, me decepciono por la falta de información que existe de lo que significa realmente hacer un libro ilustrado. Es un prejuicio, y es en contra de ese prejuicio que me entusiasma la idea de escribir sobre los libros que lleguen a mis manos desde ahora en adelante, aunque frente a esto también me encuentro con la información de que hay otras creencias. Se cree que la literatura para niños y niñas, así como también la función de la crítica de este tipo de publicaciones, está exclusivamente ligada a un objetivo práctico hacia la perspectiva educativa, como complemento de la formación escolar o aporte para el desarrollo psicológico de los niños, así como la clasificación por edades. Se cree que este tipo de libros, al presentar pocas líneas escritas tienen un contenido liviano y que no representan una apertura de conocimiento, exceptuando si es un libro informativo. Y es ahí cuando se subyuga la presencia de la importancia de la imagen.
Las imágenes también se leen, y desconocer eso parece una mala broma, porque se contrapone con una realidad inserta en un mundo extremadamente visual que nos hipnotiza cotidianamente, pero no sospechamos la amplia dimensión de su lectura y las posibilidades comunicativas de éstas de las imágenes presentes en un relato. Nos podemos dar cuenta que incluso los libros con dibujos ya no son un exclusivo placer para los más pequeños, sobre todo frente a la proliferación de libros ilustrados para adultos, oferta que se amplia diariamente en el mercado. Los prejuicios también generan desconocimiento e invisibilidad de las propuestas editoriales creativas, ya que éstas se desenmarcan de los márgenes establecidos, situándose en un contexto para niños, pero al mismo tiempo creativo o lúdico, encontrándonos con publicaciones llenas de ideas innovadoras, diversidad de formatos y del uso del lenguaje, con un gran acercamientos al objeto artístico, etc. Estos pueden entrar en una clasificación no solo de lectura, sino que de experiencia, y que generalmente se pierden frente a estos prejuicios y la desinformación.
Pero les aseguro que para la creación de un buen libro ilustrado no se toman en cuenta estas creencias, son otros los criterios y cada escritor, ilustrador y propuesta editorial tienen un mundo distinto que entregarnos. Quizás en las páginas de un buen libro ilustrado revelan ese misterioso poder de enamorar, que los niños al leer sus páginas pueden descodificar, solo porque los adultos no nos detenemos a repetir la lectura como ellos, a involucrarnos con la creatividad de esas páginas, y en eso, quizás, la crítica o análisis, puede hacer de puente hacia una apertura de posibilidades de nuevas lecturas en los adultos, quizás pronto sean cada día mas los adultos que tengan libros para niños y que compartan su lectura. Que ya no entreguen a un niño o niña un libro por su hermosa portada, por su mensaje educativo o lo útil que pueda ser para el colegio. Es probable que con la ayuda otorgada por la crítica, el lector niño y el adulto concuerden, y se escuche la hermosa música al abrir y cerrar un libro con amor.
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July Macuada, diseñadora de formación, artista de vocación. Ha tenido una destacada participación en la ilustración de libros y la realización de talleres. Algunos de los libros ilustrados son: "El espejo mágico", "La pasa encantada", "Los espejitos del Japón" y "Duerme niño duerme", este último recibiendo diversos reconocimientos y premios. Conoce más de su trabajo en https://www.julymacuada.cl/

7 comentarios:

  1. Necesitamos re-aprender a leer, desde el niño, no del adulto.
    Gracias July.

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    1. Esa pasión con la que lee un niño, creo que también se puede aplicar a otras cosas de la vida. Gracias por comentar!

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  2. Es muy importante entender la dinámica del releer y el rol que juega la imagen en despertar la curiosidad o de crear un imaginario o de transportarnos a el lugar preciso en donde el autor comienza su aventura, algo así como el efecto Ratatouille.

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    1. La imagen nos presenta varios códigos, que inconscientemente nos transporta a un entendimiento más amplio, de lectura, de emociones y de pensamientos. Es un valor de los sentidos, creo yo. Muchas gracias por comentar, saludos!

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