jueves, 9 de febrero de 2017

Los autores de LIJ que buscamos (y que quizás no merecemos)

Desde el podio del lector de literatura infantil y juvenil surge esta diatriba, desde la mirada de quien, hace varios años atrás, comenzó un recorrido de obras —algunas leídas como quien paladea una torta de cumpleaños, otras como quien bebe un tónico que milagrosamente mejoraría la memoria, redacción y ortografía—, en cierta medida para descubrir que no hay camino correcto y uno puede tantear en distintas direcciones antes de definir (y si es que es necesario hacerlo) un rumbo en la trayectoria lectora.
Con preocupación y una cuota de timidez, veo que me acerco a la pregunta: ¿Qué hace que una obra orientada al público infantil y juvenil sea significativa?, y además, en el horizonte, veo otras tantas derivadas inquiriendo sobre tipos, tendencias, finalidades. Esta discusión suele ir en búsqueda de una respuesta que sirva para espantar a los mosquitos que zumban sobre comprensión lectora, formación moral y otros aspectos no directamente vinculados con lo que hace que una obra trascienda en la vida del lector (de hecho, suelen apuntar en el sentido contrario: hacia la obra desechada, olvidada, no leída). La respuesta podría darse desde la teoría; sin embargo se puede encontrar en la misma experiencia: haz memoria y recuerda esa vez que, ante una situación que te parecía compleja, te sorprendiste pensando en lo que haría en tu lugar el personaje de uno de los libros que leíste. Esa vinculación, ese cruce de la experiencia lectora con la experiencia de vida, es lo que hace significativa una obra.
Ahora bien, la obra no surge en un vacío cultural. Es tanto producto de la motivación creadora del autor como de las temáticas y planteamientos que giran en el contexto social. Por un lado, pueden potenciar el modo de plasmar esos elementos en las obras o, por el otro, generan tensión en el mundo representado en aquellas obras que difieren, o derechamente van en contra, de las ideas predominantes en el espacio social. De este modo, se generan tendencias conservadoras, apegadas a la tradición, y otras rupturistas que reorientan la mirada hacia otros horizontes, levantan preguntas incómodas para el establishment y conducen a procesos de cambio paradigmático.
Sin embargo, en parte de la actual producción de LIJ nacional esta tensión entre lo tradicional y lo vanguardista es, más bien, aparente. Posiblemente se pueda responsabilizar al marketing editorial de envolver de novedad e innovación obras que en su trasfondo replican fórmulas muy conocidas; también se podría pensar que muchos lectores, incluso mediadores de la lectura, acostumbrados a determinados modelos durante años, prefieran continuar en la comodidad de lo conocido, esa zona de confort literario en la que se esconde el poco o nulo interés por desafiarse con nuevas lecturas, géneros o formatos. Finalmente, también se encuentra en medio de este conflicto el autor, quien debe asumir una importante decisión al momento de presentar su obra a una editorial: permitir o negar el paso de la línea editorial con su carga ideológica al mundo creado.
Este es el punto en el que debemos detenernos un momento de reflexionar sobre las dificultades de crear y publicar libros de LIJ de calidad en Chile. Independiente de la edad a la que van dirigidos (otro gran tema por discutir), encontramos que muchos autores se encuentran atrapados dentro de los límites de un plan lector, esto es, una estrategia editorial fundamentada en los programas del Mineduc (Ministerio de Educación de Chile), que entrega a determinados mediadores de la lectura, en su mayoría profesores, una selección de libros para la lectura domiciliaria, complementaria u otro eufemismo para encubrir la palabra obligatoria. A veces, esta selección va acompañada de un apoyo docente, que consiste en fichas de resumen, contextualización, tratamiento temático, actividades, evaluaciones y solucionarios, los que incluyen objetivos de aprendizaje y objetivos transversales. Sí, son los mismos mosquitos que transmiten conceptos alejados a la valoración experiencial, crítica y reflexiva de la obra, zumbando todo el año escolar. Es por esto que algunos autores, insertos dentro del plan lector, incluso tentados con la oportunidad de que sus libros deban ser comprados y leídos, acceden a modificar sus obras, alivianar contenidos, simplificar personajes hasta el estereotipo socialmente aceptado. Así las obras, que en el manuscrito eran atractivas, próximas a la realidad de los lectores objetivos, en la versión publicada se vuelven asépticas, desintonizadas de los intereses de los lectores, desvinculadas de sus vivencias individuales y colectivas; en definitiva: se tornan insignificantes. Por ese motivo, no es de extrañar que apenas los niños y los jóvenes tienen la oportunidad de elegir qué leer, prefieran obras lo más lejos posible de lo leído complementariamente en el colegio: novelas extensísimas, incluso en trilogías, escritas por autores muy cercanos en edad, hablando desde el yo sobre experiencias que les provocan curiosidad o que les preocupan dentro de su contexto cercano.
En consideración a lo expuesto, cabe reflexionar sobre los autores de las obras que leen los niños y jóvenes, analizar sus temáticas recurrentes, la manera en que representan un mundo que les hace sentido y, por lo tanto, alcanzan altos niveles de aceptación entre quienes comienzan a construir su trayectoria lectora. Por el momento, más que respuestas, es posible plantear algunas ideas que sirvan como punto de partida para la discusión sobre los autores que serían altamente beneficiosos  tener en vista al momento de mediar la lectura y que, lamentablemente y salvo en editoriales independientes, resultan escasamente considerados y publicados en la actualidad. Estos autores son;

Autores que conozcan y manejen el código específico de las obras que elaboran. 
Es importante que, por ejemplo, si se crea un libro álbum, este explote al máximo los códigos que lo componen y no se limite a ser un libro ilustrado; si se trata de una novela de fantasía, que sea una obra literaria y no la extrapolación de un dibujo animado o la transcripción de una partida de rol. Hay otros tantos ejemplos en los que una buena idea termina mal ejecutada por desconocimiento de los requisitos del género o formato.

Autores que fomenten la curiosidad literaria y extraliteraria. 
Libros que, siguiendo la lógica de internet, establezcan hipervínculos con otras obras e incluyan temas de interés, contenidos que sorprendan, despierten la necesidad de investigar y conocer más.
Autores auténticos, no sucedáneos: ya pasó la época en que el autor que replicaba el estilo de Roald Dahl era sinónimo de un éxito editorial seguro. Ahora se requieren autores que, sin traicionar a sus referentes, sean capaces de tributarlos y a la vez generar una voz propia.

Autores que sepan abordar temas complejos, incluso tabúes, con profundidad y elegancia.
Mucha de la literatura controversial o rupturista cae en el error de exponer temas complejos como la identidad sexual, la pertenencia a un grupo, la experimentación con drogas o las ideas suicidas desde una perspectiva sensacionalista, en lugar de situar estos temas en su justa dimensión. Para ello no solo se requiere saber sobre el tema, sino también plasmarlo utilizando los recursos lingüísticos y retóricos apropiados.


En conclusión, el desafío es prestar atención en lo que prefieren los lectores de la LIJ actual, atreverse a salir de la caja de convenciones, dejar a los referentes literarios a la vista pero no en un altar, conocer las propuestas de autores nuevos en formatos innovadores, y con otras perspectivas sobre temas ampliamente abordados en obras de LIJ de distintas épocas.
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Sebastián Garrido Torres es profesor, codirector y editor de Editorial Piedrangular, docente y director del Diplomado en literatura infantil y juvenil contemporánea de la Universidad Finis Terrae, con experiencia en edición de LIJ en empresas transnacionales y nacionales independientes. Realiza capacitaciones de animación a la lectura a través de la Corporación Cultural Creamundos. Autor de “Curatoría de espantos” (2015).

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