jueves, 16 de febrero de 2017

Leer en voz alta


Con poca metodología, y menos criterio, las profesoras solían en mi infancia (y quizás aún lo hagan) someter a los niños a la tortura de leer en voz alta para demostrar el estado de avance del aprendizaje, desconociendo completamente que la lectura silenciosa y la vocalizada son parte de dos funciones cognitivas diferentes, por lo tanto, no es posible evaluarlas de la misma manera, menos aún suponer que un mal lector carezca de comprensión lectora. Todos tenemos la extraña experiencia de leer ante una audiencia y  tener que elegir entre hacerlo de manera que los otros entiendan o hacerlo torpemente y entendernos nosotros.
Pareciera que me opongo a la lectura en voz alta, pues no, lo que me parece complejo es no diferenciar el valor de esta antigua práctica de la lectura privada. Son dos mundos diferentes y bellamente complementarios.
La mejor manera de crear buenos lectores es formar buenos oyentes.  Leemos en voz alta a nuestros hijos cuando los acurrucamos antes de dormir y les presentamos un mundo del que pueden ser espectadores en el silencio íntimo de la noche. No es solo que en este acto les mostremos el valor de la lectura, sino que desarrollamos la concentración, la capacidad de aislar una idea de las otras e incorporarla a otro concepto. Es normal que los niños interrumpan la lectura y hagan preguntas repetidas, incluso cuando ya han escuchado el cuento vuelven a hacer la misma pregunta y esperan la misma respuesta. Estos pequeños ejercicios tiene relación con funciones cognitivas básicas para una posterior lectura reflexiva y comprensiva.

Todos  aprendemos de lo simple a lo más complejo y de lo general a lo específico. La lectura en voz alta es la mejor manera de que un niño tenga un gran escenario donde podrá encajar innumerables piezas que él mismo irá creando y buscando.
Un modo de estimular la lectura en nuestros niños. es no preguntarles, a modo de interrogación, de qué se trata el libro o si les gusta o no, y menos las razones para ello. Lo que les ayudará a encantarse con la lectura es la libertad que esta permite, la posibilidad de crear una historia sobre otra historia. Una bella práctica, y quizás un consejo, es ir bajando la voz cuando leemos a nuestros niños, ponernos al lado de ellos de manera que puedan ir mirando las letras y muy paulatinamente ir disminuyendo el volumen, se sorprenderán al ver que en un tiempo breve ellos continúan la lectura sin casi notar que ya no escuchan a quien les lee. Es en ese momento que un niño pasa la lectura del escenario externo al interno, ya tenemos un gran lector.
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Marcela Kahler Roth, profesora de Educación General Básica, librera de Qué Leo Italia. Autora del libro "Tarot para colorear" (2015). Madre de tres hijos grandes lectores y abuela de 4 nietos muy lectores.

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