jueves, 23 de febrero de 2017

Miedo a la historietas

Incomprensible para algunos, pero muy aceptado por otros, las historietas han sido situadas en un área menos relevante en el ámbito de la lectura, apodándose incluso como una literatura menor, siendo que es un arte que tiene sus propios códigos y méritos. El que estas obras sean publicadas en formato de libro, no da pie para creer que son parte de la literatura misma, no son literatura básicamente, son otra disciplina artística. El noveno arte es un mundo aparte, que podamos leerlo es otro tema y no está subordinado a otra arte mayor.
Claramente esto es culpa de ser parte de un nicho, el cual se ha relacionado a franquicias comerciales, o a lo underground, y ha sido expuesto de manera masiva solo en kioskos y en formatos mucho más desechables, como las revistas y diarios. La mayoría de los adultos, que actualmente son padres, no relacionan la lectura de historietas a otra cosa que no sea una entretención pasajera, lejana a la cotidiano y muchas veces arrastrando una serie de prejuicios, que serán desarrollados más adelante en este post.
Solo de manera reciente, la historieta en nuestro país ha estado desenmarcándose del humor y del género duro, y nos está mostrando la posibilidad de reconocernos dentro de las viñetas con historias biográficas, históricas, de introspección y exponiendo realidades íntimas que antes no eran tan cotidiano de encontrar en compañía de ilustraciones y dibujos. Este cambio generó un espacio que permitió la apertura a un nuevo público lector, incluso muchos planes lectores en los colegios, comenzaron a validar su lectura. Caso a destacar, es la inclusión de muchas historietas en secciones de bibliotecas, como en la Biblioteca de Santiago, y en sistemas de bibliotecas municipales y de otro tipos de instituciones.

Pero ese cambio no ha sido lo suficientemente potente para instaurarse en muchos rincones de nuestra intimidad como sociedad, porque sigue siendo común que los padres y promotores de la lectura aún no estén familiarizados del todo con la historieta. Desde mi experiencia como librera, autora y realizadora de talleres de historieta para niños, puedo identificar algunos de los prejuicios que los adultos aún conservan:

-Si tienen "monitos" no es una lectura profunda: "¿tienes un librito sin monitos y con harto texto?" La lectura de la narrativa gráfica, incluso, puede ser más compleja que la lectura solo en texto, ya que la interpretación textual va acompañada de la gráfica. Si la comprensión de lo que se está narrando es aún más compleja al contener estos dos elementos a interpretar, ¿por qué entonces se considera como una lectura menor? Es la incomprensión de la importancia de lo gráfico lo que delimita el entendimiento general de las historietas y de su relevancia lectora.

-Todas las historietas provienen de algunos pocos géneros: al relacionar la historieta a algunos nichos, se tiende a pensar que las historias que se cuentan en ellas son de humor, sobre súper héroes, y algunos géneros recurrentes de este arte. Para quienes ya cuentan con experiencia lectora de las historietas, y han indagado por distintos estilos y orígenes, saben que esto es reduccionista, y no aplica a la realidad de las historietas en el mundo, porque hay historias para todo tipo de lector. El ejemplo japonés y franco-belga, ha dispuesto al mundo historias de géneros inclusos especializados (deportivas, históricas, solo para niños y un largo etcétera), así como historias donde es difícil la tarea de encasillar en un género, porque son hechas para públicos tan poco específicos, que terminan siendo transversales y hasta universales.

-Las historietas son solo para niños/ñoños/nerds: cuán mal le ha hecho al noveno arte dejar su lectura como uso exclusivo para fanáticos, seguidores de este arte, y relacionar su presencia de elementos gráficos, delegándola a una lectura más sencilla, y que de inmediato eso determina para muchos posibles lectores, ver la historieta con ojos de una lectura "inmadura". Esto está relacionado directamente con el primer punto tratado, pero también con el segundo; el encasillamiento de un arte narrativo tan amplio, que no se puede detener en solo algunos aspectos para ser analizado. La primera impresión que los no-lectores de historietas, es que les es ajena, que no es para adultos ni lectores interesados en otras temáticas.

-Muchos adultos creen no saber leer historietas: las viñetas, los globos y las cajas de textos, los dibujos, la cinética a recorrer. Es cierto, la historieta cuenta con muchos y variados elementos, pero esto no significa que sea una lectura que se aleja de la lectura de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo. La tarea de aquellos promotores de la lectura, así como de realizadores, editores, vendedores, es hacer sentir que el lenguaje del cómic y su lectura, no es algo difícil ni específico. Hay que tener más atención y nuestra cabeza se preocupa de distintas tareas, por lo que la hace compleja, pero no es equivalente a una lectura incómoda y no llevadera por cualquier lector.

-Muchos espacios de compra/lectura, no han situado a las historietas en el lugar adecuado: este es un problema que se ha ido resolviendo durante los últimos 10 años, pero persiste aún, tal vez más en librerías que en bibliotecas. En muchas ocasiones he encontrado que todas las historietas, para niños, jóvenes y adultos, y del género que sea, son situadas en el espacio de literatura infantil, solo por el hecho de la presencia de elementos gráficos (volvemos a los puntos anteriores), incluso aquellas que tienen contenido explícito. Esto le hace un flaco favor a la promoción de la lectura de historietas, ya que si en lugares especializados en la venta de libros no han sido capaces de entender la diferencia de los tipos de lecturas, sus alcances y sus públicos, no pidamos que el simple lector que busca sumergirse entre las hojas lo entienda.

Mis dos primeros post han sido bastantes "quejones", exponiendo dificultades, prejuicios y experiencias que han dificultado la experiencia lectora, pero me es imposible exponer las posibles soluciones, así como las experiencias de promoción lectora que se han desarrollado, sin que tú, lector de este blog, conozcan el orígen de los obstáculos que hemos tenido que afrontar editores, autores, libreros, bibliotecarios y otros promotores de la lectura relacionados a la LIJ. Les prometo que en una próxima oportunidad tendrán cabida para su lectura, ahondando por sobre todo, en lo que se ha hecho por la historieta para un nuevo posicionamiento en el mundo lector.
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Francisca Cárcamo Rojas (Santiago, 1987), es editora y librera de Pánico Ediciones, y creadora de la revista Marcapáginas. Se ha desempeñado como autora e ilustradora de historietas y libros infantiles, donde destacan "Chile en Viñetas", "Mandamientos de Mentira" y "Perros patipati perros", además de desarrollar su carrera en el área educativa. Twitter: @panchulei

jueves, 16 de febrero de 2017

Leer en voz alta


Con poca metodología, y menos criterio, las profesoras solían en mi infancia (y quizás aún lo hagan) someter a los niños a la tortura de leer en voz alta para demostrar el estado de avance del aprendizaje, desconociendo completamente que la lectura silenciosa y la vocalizada son parte de dos funciones cognitivas diferentes, por lo tanto, no es posible evaluarlas de la misma manera, menos aún suponer que un mal lector carezca de comprensión lectora. Todos tenemos la extraña experiencia de leer ante una audiencia y  tener que elegir entre hacerlo de manera que los otros entiendan o hacerlo torpemente y entendernos nosotros.
Pareciera que me opongo a la lectura en voz alta, pues no, lo que me parece complejo es no diferenciar el valor de esta antigua práctica de la lectura privada. Son dos mundos diferentes y bellamente complementarios.
La mejor manera de crear buenos lectores es formar buenos oyentes.  Leemos en voz alta a nuestros hijos cuando los acurrucamos antes de dormir y les presentamos un mundo del que pueden ser espectadores en el silencio íntimo de la noche. No es solo que en este acto les mostremos el valor de la lectura, sino que desarrollamos la concentración, la capacidad de aislar una idea de las otras e incorporarla a otro concepto. Es normal que los niños interrumpan la lectura y hagan preguntas repetidas, incluso cuando ya han escuchado el cuento vuelven a hacer la misma pregunta y esperan la misma respuesta. Estos pequeños ejercicios tiene relación con funciones cognitivas básicas para una posterior lectura reflexiva y comprensiva.

Todos  aprendemos de lo simple a lo más complejo y de lo general a lo específico. La lectura en voz alta es la mejor manera de que un niño tenga un gran escenario donde podrá encajar innumerables piezas que él mismo irá creando y buscando.
Un modo de estimular la lectura en nuestros niños. es no preguntarles, a modo de interrogación, de qué se trata el libro o si les gusta o no, y menos las razones para ello. Lo que les ayudará a encantarse con la lectura es la libertad que esta permite, la posibilidad de crear una historia sobre otra historia. Una bella práctica, y quizás un consejo, es ir bajando la voz cuando leemos a nuestros niños, ponernos al lado de ellos de manera que puedan ir mirando las letras y muy paulatinamente ir disminuyendo el volumen, se sorprenderán al ver que en un tiempo breve ellos continúan la lectura sin casi notar que ya no escuchan a quien les lee. Es en ese momento que un niño pasa la lectura del escenario externo al interno, ya tenemos un gran lector.
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Marcela Kahler Roth, profesora de Educación General Básica, librera de Qué Leo Italia. Autora del libro "Tarot para colorear" (2015). Madre de tres hijos grandes lectores y abuela de 4 nietos muy lectores.

jueves, 9 de febrero de 2017

Los autores de LIJ que buscamos (y que quizás no merecemos)

Desde el podio del lector de literatura infantil y juvenil surge esta diatriba, desde la mirada de quien, hace varios años atrás, comenzó un recorrido de obras —algunas leídas como quien paladea una torta de cumpleaños, otras como quien bebe un tónico que milagrosamente mejoraría la memoria, redacción y ortografía—, en cierta medida para descubrir que no hay camino correcto y uno puede tantear en distintas direcciones antes de definir (y si es que es necesario hacerlo) un rumbo en la trayectoria lectora.
Con preocupación y una cuota de timidez, veo que me acerco a la pregunta: ¿Qué hace que una obra orientada al público infantil y juvenil sea significativa?, y además, en el horizonte, veo otras tantas derivadas inquiriendo sobre tipos, tendencias, finalidades. Esta discusión suele ir en búsqueda de una respuesta que sirva para espantar a los mosquitos que zumban sobre comprensión lectora, formación moral y otros aspectos no directamente vinculados con lo que hace que una obra trascienda en la vida del lector (de hecho, suelen apuntar en el sentido contrario: hacia la obra desechada, olvidada, no leída). La respuesta podría darse desde la teoría; sin embargo se puede encontrar en la misma experiencia: haz memoria y recuerda esa vez que, ante una situación que te parecía compleja, te sorprendiste pensando en lo que haría en tu lugar el personaje de uno de los libros que leíste. Esa vinculación, ese cruce de la experiencia lectora con la experiencia de vida, es lo que hace significativa una obra.
Ahora bien, la obra no surge en un vacío cultural. Es tanto producto de la motivación creadora del autor como de las temáticas y planteamientos que giran en el contexto social. Por un lado, pueden potenciar el modo de plasmar esos elementos en las obras o, por el otro, generan tensión en el mundo representado en aquellas obras que difieren, o derechamente van en contra, de las ideas predominantes en el espacio social. De este modo, se generan tendencias conservadoras, apegadas a la tradición, y otras rupturistas que reorientan la mirada hacia otros horizontes, levantan preguntas incómodas para el establishment y conducen a procesos de cambio paradigmático.
Sin embargo, en parte de la actual producción de LIJ nacional esta tensión entre lo tradicional y lo vanguardista es, más bien, aparente. Posiblemente se pueda responsabilizar al marketing editorial de envolver de novedad e innovación obras que en su trasfondo replican fórmulas muy conocidas; también se podría pensar que muchos lectores, incluso mediadores de la lectura, acostumbrados a determinados modelos durante años, prefieran continuar en la comodidad de lo conocido, esa zona de confort literario en la que se esconde el poco o nulo interés por desafiarse con nuevas lecturas, géneros o formatos. Finalmente, también se encuentra en medio de este conflicto el autor, quien debe asumir una importante decisión al momento de presentar su obra a una editorial: permitir o negar el paso de la línea editorial con su carga ideológica al mundo creado.
Este es el punto en el que debemos detenernos un momento de reflexionar sobre las dificultades de crear y publicar libros de LIJ de calidad en Chile. Independiente de la edad a la que van dirigidos (otro gran tema por discutir), encontramos que muchos autores se encuentran atrapados dentro de los límites de un plan lector, esto es, una estrategia editorial fundamentada en los programas del Mineduc (Ministerio de Educación de Chile), que entrega a determinados mediadores de la lectura, en su mayoría profesores, una selección de libros para la lectura domiciliaria, complementaria u otro eufemismo para encubrir la palabra obligatoria. A veces, esta selección va acompañada de un apoyo docente, que consiste en fichas de resumen, contextualización, tratamiento temático, actividades, evaluaciones y solucionarios, los que incluyen objetivos de aprendizaje y objetivos transversales. Sí, son los mismos mosquitos que transmiten conceptos alejados a la valoración experiencial, crítica y reflexiva de la obra, zumbando todo el año escolar. Es por esto que algunos autores, insertos dentro del plan lector, incluso tentados con la oportunidad de que sus libros deban ser comprados y leídos, acceden a modificar sus obras, alivianar contenidos, simplificar personajes hasta el estereotipo socialmente aceptado. Así las obras, que en el manuscrito eran atractivas, próximas a la realidad de los lectores objetivos, en la versión publicada se vuelven asépticas, desintonizadas de los intereses de los lectores, desvinculadas de sus vivencias individuales y colectivas; en definitiva: se tornan insignificantes. Por ese motivo, no es de extrañar que apenas los niños y los jóvenes tienen la oportunidad de elegir qué leer, prefieran obras lo más lejos posible de lo leído complementariamente en el colegio: novelas extensísimas, incluso en trilogías, escritas por autores muy cercanos en edad, hablando desde el yo sobre experiencias que les provocan curiosidad o que les preocupan dentro de su contexto cercano.
En consideración a lo expuesto, cabe reflexionar sobre los autores de las obras que leen los niños y jóvenes, analizar sus temáticas recurrentes, la manera en que representan un mundo que les hace sentido y, por lo tanto, alcanzan altos niveles de aceptación entre quienes comienzan a construir su trayectoria lectora. Por el momento, más que respuestas, es posible plantear algunas ideas que sirvan como punto de partida para la discusión sobre los autores que serían altamente beneficiosos  tener en vista al momento de mediar la lectura y que, lamentablemente y salvo en editoriales independientes, resultan escasamente considerados y publicados en la actualidad. Estos autores son;

Autores que conozcan y manejen el código específico de las obras que elaboran. 
Es importante que, por ejemplo, si se crea un libro álbum, este explote al máximo los códigos que lo componen y no se limite a ser un libro ilustrado; si se trata de una novela de fantasía, que sea una obra literaria y no la extrapolación de un dibujo animado o la transcripción de una partida de rol. Hay otros tantos ejemplos en los que una buena idea termina mal ejecutada por desconocimiento de los requisitos del género o formato.

Autores que fomenten la curiosidad literaria y extraliteraria. 
Libros que, siguiendo la lógica de internet, establezcan hipervínculos con otras obras e incluyan temas de interés, contenidos que sorprendan, despierten la necesidad de investigar y conocer más.
Autores auténticos, no sucedáneos: ya pasó la época en que el autor que replicaba el estilo de Roald Dahl era sinónimo de un éxito editorial seguro. Ahora se requieren autores que, sin traicionar a sus referentes, sean capaces de tributarlos y a la vez generar una voz propia.

Autores que sepan abordar temas complejos, incluso tabúes, con profundidad y elegancia.
Mucha de la literatura controversial o rupturista cae en el error de exponer temas complejos como la identidad sexual, la pertenencia a un grupo, la experimentación con drogas o las ideas suicidas desde una perspectiva sensacionalista, en lugar de situar estos temas en su justa dimensión. Para ello no solo se requiere saber sobre el tema, sino también plasmarlo utilizando los recursos lingüísticos y retóricos apropiados.


En conclusión, el desafío es prestar atención en lo que prefieren los lectores de la LIJ actual, atreverse a salir de la caja de convenciones, dejar a los referentes literarios a la vista pero no en un altar, conocer las propuestas de autores nuevos en formatos innovadores, y con otras perspectivas sobre temas ampliamente abordados en obras de LIJ de distintas épocas.
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Sebastián Garrido Torres es profesor, codirector y editor de Editorial Piedrangular, docente y director del Diplomado en literatura infantil y juvenil contemporánea de la Universidad Finis Terrae, con experiencia en edición de LIJ en empresas transnacionales y nacionales independientes. Realiza capacitaciones de animación a la lectura a través de la Corporación Cultural Creamundos. Autor de “Curatoría de espantos” (2015).