martes, 31 de enero de 2017

Leer como necesidad

Desde mayo del año 2015, he contado con la maravillosa experiencia de ser la responsable de nuestra librería, la cual posee un catálogo destinado en gran parte a libros para niños entre 0 a 12 años. Ha sido una gran aventura, pero también un gran desafío, ya que me he tenido que hacer responsable de cosas que van más allá de la curatoría de títulos, la administración y la atención misma que una librería necesita.
Hace ya algunos años, como autora y editora, he compartido en charlas y talleres con los más pequeños, y lo que siempre me ha asombrado es su gran interés por el mundo del libro, el cual se va aumentando o tristemente diluyendo al paso de los años. Pero es en la librería donde la realidad se ha mostrado sin disfraces ni decoración, en el uso común de un espacio y en el comportamiento de quienes son parte de éste.
Lo primero que llamó mi atención, es la negativa de entrar a la librería de parte de muchos padres, que sostienen con fuerza los cuellos de las poleras de sus pequeños, como si al pasar esa puerta fueran a caer al cráter de un volcán. Es tragicómico ver como quedan los pequeños lectores rebeldes suspendidos en el aire, batallando contra esa negativa, y luego rindiéndose entre llantos y gritos al paso por este mágico portal. Otros padres entran y me aseguran de un comienzo con la frase "estamos solo mirando", a lo cual respondemos "miren no más, aquí se pueden sentar en las sillitas a ver los libros". Como librera tengo el compromiso personal de que la librería no es solo un espacio de compra, sino que también de lectura.
Pero muchas veces las situaciones han escapado de lo comprensible, como cuando nos han utilizado de guardería, sobre todo con niñas y niños que no superan los dos años, situación a la que no siempre respondemos amablemente "le recomiendo que esté junto a ella/él". En lo personal me parece vergonzoso el poco entendimiento de este lugar por parte de algunos adultos.
Luego de estos problemas de tipo doméstico, sigue batallar contra los grandes mitos: "los libros son muy caros" o "en Chile no se lee". En otras ocasiones, padres desesperados llegan con la necesidad de resolver en este espacio un problema que se origina en casa, comenzando con la frase "es que mi hijo/a no lee", al cual hemos respondido con la interrogante "¿y usted lee?". En mi corta experiencia no he visto otra conjugación posible, padres que leen = hijos que leen.
Pero el mayor problema que he visualizado es la negación del acceso, de cualquier tipo, a la lectura. Y en esto lamento identificar estas tres tipos de negaciones:

Ver el libro como un juguete/dulce/premio.
Citando a mi querida amiga Marcela Kahler, librera de Qué Leo Italia: "negarle un libro a un niño, es negarle un vaso de agua". ¿Cuántos de nosotros, lectores asiduos, estamos leyendo varios libros a la vez? Para quienes la lectura es parte fundamental del diario vivir, sabemos que leer es más que un capricho, es una necesidad relacionada al goce, al saber, al descubrir. Y aunque no quiero estacionarme en el formato, porque soy una fiel creyente que lo más importante aquí es leer y no el contenedor solamente, el acceso al libro no debe relacionarse a premios a los que solo se podrán acceder en caso especiales, si no que debe convertirse en parte del cotidiano. Esto se puede lograr con la suscripción y uso de bibliotecas públicas y privadas, con la existencia de una biblioteca en casa, en la compra de libros cuando se es posible, en el consumo de revistas, y con el uso de elementos tecnológicos que cuentan con aplicaciones para leer libros electrónicos, entre otras posibilidades. Olvidar que esta actividad no es algo que se gana, sino que es un derecho, hace más llevadera la tarea de establecerla como un hábito.
Esta ilustración retrata a mi amiga Marcela y su fascinación
por la lectura (enero 2017)
Relacionar la lectura con castigo.
Esta conducta anula automáticamente la lectura por placer y posiciona al libro como un enemigo al cual hay que esquivar. Leer se convierte en una actividad que llama al tedio y que no suma diversión a nuestras vidas. Con gran emoción he revertido en parte algunas de estas situaciones, presentando la lectura como una posibilidad de entretención a niños abrumados y con hermosos resultados (las historietas han sido las mejores colaboradoras). La obligación impuesta de mala forma no genera hábitos saludables, y así como los niños rebeldes que no quieren lavarse los dientes, la higiene de nuestras mentes y espíritus también se ven afectadas cuando nos atemorizan, y nos muestran a un enemigo en vez de a un aliado de papel. Seamos menos señora Trunchbull y matrimonio Wormwood, y seamos más como la señorita Honey, así dejaremos a nuestras Matildas aflorar en la búsqueda de otros mundo y súper poderes.


Creer que hay lecturas que no valen la pena.
Muchos adultos en nuestra librería niegan a los pequeños lectores la posibilidad de elegir sus propias lecturas. El temor y los prejuicios los han alejado de ciertas lecturas, sobre todo de las historietas, las cuales son vistas con malos ojos por muchos padres y catalogado en palabras de ellos mismo como una "lectura que no aporta". Otros más atrevidos, ven en los libros informativos como la continuidad del colegio en la casa y reniegan a la posibilidad de enfrentarse a una lectura que despertará curiosidad por otras temáticas. Los libros álbum tienen muchos simpatizantes, pero también hay quienes los ven como libros con poco texto, y por ende piensan que eso es sinónimo de poco contenido. Cuando veo a un niño interesarse por un libro, siento sinceridad en su acto y espontaneidad genuina que logra conmover. No nos olvidemos que los niños son personas con un mundo interior e intereses propios dignos de respetar, no el depósito de nuestras frustraciones y prejuicios. Leer maravilla, emociona y duele, déjelo experimentar con los sentimientos y la imaginación, es muy importante en estos tiempos fríos y tecnológicos.

La tarea de librera se escapa de la simple mantención del espacio, y de lidiar con pagos y pedidos, es una actividad en diálogo constante con quienes visitan las librerías, con lectores y no tanto, con quienes saben mucho, poco o nada sobre este mundo. Yo me siento con la feliz responsabilidad de aportar con mi granito de arena a la idea de que leer es una necesidad humana fundamental, no un privilegio de algunos pocos intelectuales, y que los libros están definitivamente de nuestro lado en esta batalla.

Las soluciones que he ido creando y encontrando a las problemáticas que el fomento lector nos ha presentado, las contaré en otra ocasión. Por ahora los dejo invitados a comentar, reflexionar y dejar lo que usted quiera en la sección de comentarios de esta entrada :)
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Francisca Cárcamo Rojas (Santiago, 1987), es editora y librera de Pánico Ediciones, y creadora de la revista Marcapáginas. Se ha desempeñado como autora e ilustradora de historietas y libros infantiles, donde destacan "Chile en Viñetas", "Mandamientos de Mentira" y "Perros patipati perros", además de desarrollar su carrera en el área educativa. Twitter: @panchulei